Cuando alguien muere

Autor: José Luis Castillejos Ambrocio
joseluiscastillejos@gmail.com
Cuando alguien muere…también morimos.
Se nos va un poco de nuestra propia vida,
y queda en el recuerdo la sonrisa
de quien solo se adelantó unos pasos
en la rendición de cuentas al creador.
Cuando alguien muere,
queda ese silencio sepulcral,
esa falta de voz para atrevernos a decir:
Te aprecié… te amé!
Cuando alguien muere,
muere también Dios,
porque en su célula infinita
se pierde un gramo de arena del cosmos.
Cuando alguien muere,
queda el universo personal  muy triste,
la amistad marchita, el lirio de ternura hiriente,
perdido en el oleaje de la nada.
Cuando un amigo, un padre, una madre,
un hermano o un hijo muere,
se muere por un instante el canto del viento
y la piedra muestra su rostro duro,  adusto,
y el árbol cruje en una danza de dolor.
Cuando alguien muere ya no hay abrazos,
rosas, risas y recuerdos que valgan,
pues el que se fue ya no verá más la tarde,
el frío amanecer, el café humeante, el beso
andante y el cerrojo abierto.
cuando alguien se muere
nosotros también morimos un poquito.

Autor: José Luis Castillejos Ambrocio
joseluiscastillejos@gmail.com

Cuando alguien muere…también morimos.
Se nos va un poco de nuestra propia vida,
y queda en el recuerdo la sonrisa
de quien solo se adelantó unos pasos
en la rendición de cuentas al creador.
Cuando alguien muere,
queda ese silencio sepulcral,
esa falta de voz para atrevernos a decir:
Te aprecié… te amé!
Cuando alguien muere,
muere también Dios,
porque en su célula infinita
se pierde un gramo de arena del cosmos.
Cuando alguien muere,
queda el universo personal  muy triste,
la amistad marchita, el lirio de ternura hiriente,
perdido en el oleaje de la nada.
Cuando un amigo, un padre, una madre,
un hermano o un hijo muere,
se muere por un instante el canto del viento
y la piedra muestra su rostro duro,  adusto,
y el árbol cruje en una danza de dolor.
Cuando alguien muere ya no hay abrazos,
rosas, risas y recuerdos que valgan,
pues el que se fue ya no verá más la tarde,
el frío amanecer, el café humeante, el beso
andante y el cerrojo abierto.
cuando alguien se muere
nosotros también morimos un poquito.

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Un pensamiento en “Cuando alguien muere

  1. Estimado Jose Luis,
    Cada vez que reeleo tu poema “Cuando alguien muere”, me emociono y las lágrimas acuden a mis ojos. Tienes razón cuando dices que: Cuando alguien muere, muere tambien Dios.
    En el caso de mi esposa y mio, así ha sido, Dios ha muerto para nosotros.
    Hace dos años, murió un Angel de amor, bondad y generosidad. No fué por enfermedad ni por accidente. Era enfermera de vocación, una de tantas que en los atentados del 11-M, de Madrid, además de su jornada se quedaba varias horas mas voluntariamente por solidaridad a las victimas. Se estaba especializando como matrona, y cuando la pregunté porqué quería dejar su trabajo de enfermera que tanto la gustaba y marcharse a otro Hospital para especilizarse como matrona, me dijo “Papá, mi ilusión es ayudar a traer vida a este mundo”. A los 30 años de edad se casó, a los 31 el día que debía ser de su cumpleaños la enterramos.
    Lo ocurrido a nuestra hija nos abrió los ojos y vimos que Dios solo es una invención de los hombres.
    Aunque caminemos y sigamos adelante hacia nuestro fin, el dolor por la pérdida de una hija en nuestro caso, solo acabará cuando expiremos nosotros, los padres.
    Mientras tanto, no hay dias sin un dolor insoportable en nuestros corazones.

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