El oriente boliviano, la tierra del paraíso

El oriente boliviano, la tierra del paraíso

Por José Luis Castillejos. Enviado

Bella Vista, Bolivia, 21 Sep (Notimex).- En los llanos orientales de Bolivia, de sendas arenosas y paisajes tostados por el sol, afloran pequeños pueblos de entre la inmensidad de un mar de cañaverales, uno de los productos que sostienen su economía.

Los hombres de campo, de pocas palabras, duras expresiones faciales y miradas desconfiadas se dedican a explotar intensamente la tierra y a muchos no les interesa la protesta social de otras regiones o los reclamos de autonomía.

“Si vamos a hablar, diga que aquí no nos cobijamos con nadie; no tomamos partido y sólo queremos luchar por el progreso. Quienes quieren protestar, que se vayan a otros sitios. Aquí no los queremos”, dijo Rutilio Silbaco.

Agricultor soyero y cañero, Rutilio no quiere escuchar las protestas ni de uno ni de otro bando, ya que, dice, sólo oye respirar el viento cuando remece los cañaverales.

Un agudo, vibrante y estremecedor sonido produce el viento al ondular entre el mar de caña sembrada y lista para ser cortada y llevada al ingenio Guabirá.

La voz de Rutilio es fuerte, pero escasas sus palabras: “Que se dejen de tonterías, que firmen lo que quieran, pero que dejen trabajar”, dice al referirse al diálogo que sostienen el gobierno y la oposición boliviana para poner fin a la crisis política.

“Diga que aquí queremos el progreso. Nada de problemas”, añadió Rutilio, al dar por cerrada la entrevista, al tiempo que estrecha la mano del enviado de Notimex y luego se pierde en una vereda que conduce hacia su sembradío.

Una campesina de pies descalzos que pareciera no tocar la tierra, de suave caminar, pasa a nuestro costado cargada de frutas, flores y cogollos de caña.

Hace muchos años, cuando los dioses de los ahora orientales bolivianos vivían en estas tierras, decidieron que sus espíritus fueran llevados por el viento a través de las brisas que emanan al despuntar el alba en los cañaverales.

Cuenta la leyenda que quien viene a estos lugares llamados “el paraíso” se queda prendado, y si echa una semilla, ésta brota, se robustece, crece, se reproduce y da un círculo virtuoso de vida porque así lo han querido los dioses.

Esta región está asentada en las proximidades del río Ichilo, y Buena Vista es la capital regional que cuenta con un bello templo colonial. Sus pobladores guardan celosamente las costumbres criollas acrisoladas tras las paredes de adobe.

De grandes casonas, un paisaje verde, frondosos árboles, mujeres altivas, blancas y discretas, Bella Vista se jacta de tener doncellas hermosas que constituyen otro de los atractivos de esta región del oriente boliviano.

En estas pampas floridas, de inmenso mar verde como la esperanza y los sueños, la protesta está allí. Desde sus comunidades los campesinos, afines al presidente Evo Morales, siguen en pie de guerra contra las autoridades regionales.

Quieren que renuncie el prefecto (gobernador) Rubén Costas, con quien están divorciados por el maltrato que, afirman, éste prodiga a través de grupos de choque a los indígenas, y su negativa a promover un reparto agrario.

Los indígenas de la montaña, de la sierra, de la piedra de hielo, de rasgos cobrizos, son distintos a los que viven en la pampa florida donde la luz del alba aparece veloz a las seis de la mañana.

Esta tierra que soporta las pisadas con zapato y pies descalzos está en disputa. Los del oriente solitario y minero quieren acres de suelos con palmeras, caña y ganado.

Los de esta parte no están dispuestos a ceder un ápice y, más bien, se preparan para defenderse, con el poder de la ley… y con las armas.

La paz en los campos del oriente boliviano es frágil, y el preacuerdo que ha permitido que el gobierno y la oposición se sienten a conversar en la ciudad de Cochabamba no deja abierto un fuerte portillo para que entre la luz de una paz duradera.

“La línea delgada que separa la racionalidad y la locura aún no ha sido traspasada. Ambos, gobierno y oposición, se han dado cuenta que hay que dar una salida a la actual coyuntura”, explicó el analista boliviano Edward Serrano.

Frente a la complejidad de los temas que ahora discuten las partes, estos sabían que no les quedaba otro camino que tratar el tema de las autonomías regionales, la entrega de recursos y la nueva Constitución, anotó.

La gente en la calle del oriente sostiene que el presidente Morales está chantajeando a los prefectos con la presión que ejercen sus grupos de choque, llamados movimientos sociales, pero el gobernante dice que no los manipula.

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