ALBERTO FUJIMORI, UN SOLITARIO ESTRATEGA EN EL “ARTE DEL ENGAÑO”

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Por José Luis Castillejos Ambrocio

Lima.- Hombre de poco dormir y escaso discurso, a Alberto Fujimori -que rechaza ser un dictador- le gusta analizar los problemas y diseña, en solitario, sus propias estrategias, sus planes y la forma de dirigirlos personalmente.

En tres entrevistas concedidas a Notimex poco antes de abandonar el poder, Fujimori que gobernó Perú (1990-200O) dijo que más que una fascinación por el poder le gusta ejercer la autoridad para resolver los problemas.

Sus detractores lo tildan de dictador, asesino, genocida, sátrapa y corrupto, pero sus seguidores, al menos un tercio de los peruanos, según diversas encuestas, lo siguen viendo como el hombre que puede salvar a Perú del caos, en caso de que retorne a la política.

Confesó, en una de los encuentros con la agencia Notimex en Palacio de Gobierno, que la historia lo recordará como el hombre que derrotó a los más encarnizados enemigos del Estado peruano: Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y una hiperinflación de más de dos millones por ciento que heredó del primer gobierno de Alan García Pérez (1985-|990), el actual gobernante de Perú.

Y vaticinó, en aquella ocasión, que los peruanos lo extrañarán cuando retorne la subversión y la economía colapse en manos de políticos tradicionales que tienen poco compromiso con el pueblo y que únicamente ven la forma de llenarse los bolsillos.

“Siempre estaré en la memoria colectiva, de una u otra forma y si tuviera que escribir mi autobiografía no me definiría como un hombre calculador, descorazonado o frío, como muchos me ven, sino como alguien comprometido con su pueblo”, dijo en esa oportunidad.

“Soy un hombre de trabajo que siempre hace las cosas con un concepto fundamental: diseñar estrategias para enfrentar todo tipo de problemas, personales o políticos y encaminar esa estrategia hasta obtener un resultado final”, auguró como previendo lo que iba a suceder.Fujimori, que se colocó en el ojo de la tormenta jurídico y diplomática en el triángulo Japón-Chile-Perú al ingresar subrepticiamente a Santiago en el año 2005, dijo un lustro antes: “siempre daré de qué hablar”. Efectivamente, ha puesto en aprietos las relaciones entre Perú y Chile, ya que el primer país lo reclama en extradición en momentos en que se especula la posibilidad de que el ex gobernante postule al senado de Japón, país del que también tiene su nacionalidad, aparte de la peruana.

Recordó que su vida está ceñida, siempre, por estrategias: “lo hice con el rescate de los 72 rehenes de la residencia japonesa (que permanecieron cautivos durante 126 días, entre diciembre de 1996 y abril de 1997) y con el conflicto con Ecuador (1995 y la firma de los acuerdos de paz 1998)”.

Como proyectándose lo que iba a suceder por el escándalo de su ex asesor y que iba a generar la debacle de su gobierno, Fujimori adelantó: “Vladimiro Montesinos ha hecho buen papel en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, pero no puedo meter las manos por él”.

Fujimori es meticuloso y en una de las entrevistas videograbadas por Notimex en la Residencia Presidencial, un espacio suntuoso, con vista hacia el nuevo malecón que da al río Rímac, en pleno corazón de la capital peruana, él se encargó de adecuar el escenario.

La decoración con sillones de estilo francés del siglo XVIII fue modificada a pedido de Fujimori que instruyó a su jefe de Edecanes, el comandante Fitzcarrald, que muevan los muebles y coloquen detrás suyo una palmera.

Exigió que no se viera muy pelado el tronco de otra planta. “Voltee la plantita y déjele una hojita, que no esté sobre mi cabeza”, le pidió al comandante Fizcarrald.

Y como sus cabellos se vuelven rebeldes en el remolino central de su cabeza, le pidió a su jefe de edecanes que le pusiera un poco de gel y lo peinara. Cosa que este solícito así hizo.

Para demostrar que es un hombre transparente, sencillo y de origen humilde mostró, a pedido de Notimex, lo que era su habitación en Palacio de Gobierno donde había un pequeño camastro para una persona, unos 15 trajes, desteñidos pantalones de mezclilla y botas mineras.

Confesó que en realidad no sentía algo que detestara del poder, por perder sus espacios familiares, ya que “mi relación con mis hijos es estrecha…cercana. Y como no soy para las fiestas y la reuniones sociales, no he perdido gran cosa”.

Reveló que él mismo diseñó el ritmo del “Chino”, una tecnocumbia, “cuyo copyright y know how es mío”, que utilizó para su campaña electoral en el año 2000, debido a que no bastaba con discursos y, por tanto, había que apostar por otra forma de comunicación.

Fujimori siempre ha sido un hombre solitario, de comidas sencillas a quien le gustaba que le cocinara, ocasionalmente, su jefe de prensa, Carlos Orellana quien confesó en una oportunidad que el ex gobernante era un hombre austero.

Siempre le gustaba comer en una bandeja sobre su escritorio, trabajar hasta la madrugada y citar a sus ministros a reuniones a altas horas de la noche.

Siempre a su lado había una humeante taza de té chino y cuando daba entrevistas lo hacía en una estancia, casi debajo de las escaleras de la Casa Presidencial, donde hay tres mesas, una Luis XV y dos hexagonales que cargan bellos jarrones, bajo un amplio vitral.

Cuando gobernó Perú, según confesión propia, no le gustaba estar en Palacio de Gobierno, ni dejar acumular papeles en su escritorio de un día para otros. A diferencia del actual gobernante Alan García Pérez, que le gusta estar en la ciudad, Fujimori se calzaba las botas mineras, jeans desteñidos y camisetas baratas de algodón para recorrer el Perú profundo. Él mismo supervisaba las obras, llevaba ayuda a los afectados por las heladas o emprendía personalmente la supervisión durante el fenómeno climático de El Niño.

Se daba tiempo para enseñar a sus hijos Hiro Alberto y Kenyi algunos cursos de ciencias y cuando estos estaban en la universidad les mandaba por fax los problemas ya resueltos.

- ¿Qué sabor le dejan diez años en el poder. Lo veo cansado, se le perciben más canas. Se ha hecho la cirugía?, le pregunté en aquel distante año 2000.

“Siempre me verán con energía y más cuando salgo al campo, a los barrios populares, inspeccionando los avances de las inversiones, con la satisfacción de ver los resultados concretos, me da energía, duermo poco, el ritmo del trabajo es intenso”, respondió.

“Espero seguir con esa energía, no tomo complementos minerales. Mi nutriente es el pueblo, el respaldo popular, el folklor, ver las danzas, la música de los pueblos”, dijo en tono poético.

De Fujimori se podrá decir que fue corrupto, genocida o dictador, pero no desordenado o metódico, según muchos peruanos consultados en la calle se refieren a él como un hombre de intenso trabajo, a diferencia del ex presidente Alejandro Toledo del que se dice le gustaba la vida disipada. Igual percepción social existe en torno a Alan García de quien los peruanos dicen que es “puro floro” (demasiado discursos) y poca acción.

Fujimori tardará quizás mucho tiempo para que vuelva a Palacio de Gobierno, un edificio achatado e imponente, color terroso e inaccesible, intensamente blindado.

Quizás pasen muchos años para que al “Chino”, al “estratega del arte del engaño”, le vuelva la sonrisa al rostro.

Eso, si es que tiene suerte.

joseluiscastillejos@gmail.com

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